“La Vida, Un Don Precioso”

La  epístola de Santiago se ha llamado el “evangelio en practica”, ya que  nos pone  los pies firmes en  tierra en relación a la enseñanza de Jesucristo en los asuntos de la vida cotidiana.

En el  capítulo cuatro de la carta, Santiago (medio hermano de Cristo) se refiere al exceso de confianza de aquellos que están espiritualmente miopes y demasiados orientados a este mundo.

“¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.” (Santiago 4:13-15)

Sin duda, la vida es un don precioso. Detengámonos un momento a considerar el valor de la bendición de la vida.

En el contexto inmediato, la esencia de la pregunta de Santiago es de destacar la brevedad de la vida humana a aquellos cuyos pensamientos estaban fijos en el tiempo presente y no en la eternidad. En términos relativos, nuestra existencia en este planeta es una cosa pasajera. ¿Qué tan seriamente entonces debe considerarse?.

Las Escrituras están llenas de textos que nos recuerdan de la rapidez con que pasa la vida aquí en la tierra. Job, en su sufrimiento, parece haber insistido en esta idea más que la mayoría de los hombres. Sus días parecían pasar más veloces que  “la lanzadera del tejedor,…” (Job 7:6) o “…como un soplo” (verso 7). Sus días parecían correr igual que un correo con un mensaje urgente. “Mis días han sido más ligeros que un correo; Huyeron, y no vieron el bien (Job 9:25), cual  “naves veloces”, o como el “águila que se arroja sobre la presa” (verso 26). Vio los días del hombre como pocos. “Sale como una flor y es cortado, Y huye como la sombra y no permanece. (Job 14:1-2).  Era más bien como una flor que florece y muere rápidamente, o como una sombra que pasa rápido.

Moisés, que vivió hasta los 120 años de edad, aunque seguía siendo vigoroso (Deuteronomio 34:7), lamentó que los días del hombre fueran cortos. “Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos.” (Salmo 90:10). ¿Quién de entre nosotros que ha alcanzado la madurez de su vida no ha reflexionado sobre los tiempos de su juventud?,¿Cómo se ha ido el tiempo?

Tal vez,  el más inquietante de todos los pensamientos es la realidad que hemos dejado escapar la vida rápidamente, y haber descuidado las oportunidades  para crecer espiritualmente y ayudar a los demás.  Desde el punto de vista del contexto en la amonestación de Santiago, hay otros pensamientos sobre la que se pueden reflexionar cuando se  considera la pregunta: “¿Qué es la vida?”

Cuando Pablo fue invitado a hablar ante  los filósofos de Atenas, su breve  oportunidad  le obligó a centrarse en las cuestiones de extrema importancia. Uno de ellos fue su énfasis en el origen de la vida. Él con confianza, afirmó que  el verdadero Dios es el que “da a todos vida y aliento y todas las cosas” (Hechos 17:25). Más tarde, en una carta a su joven amigo Timoteo, le recordó  que el Creador es el que “…da vida a todas las cosas…” (1 Timoteo 6:13).

Lo chocante es que el hombre arrogante, el rebelde persistente  asigna el fenómeno sorprendente de la vida a un mero capricho de la naturaleza. Para los discípulos de Darwin, el comienzo de la vida no era más que un fenómeno espontáneo que ocurre en algún pozo de cieno en la antigüedad. Isaías pronunció un reproche  a los altivos de su época, que reprendió: “Vuestra perversidad ciertamente será reputada como el barro del alfarero. ¿Acaso la obra dirá de su hacedor: No me hizo? ¿Dirá la vasija de aquel que la ha formado: No entendió?” (Isaías 29:16).

Hay un par de las consecuencias principales que intervienen en la comprensión de que la vida es un don de Dios. En primer lugar, la vida humana es una esencia sagrada, ya que fue hecha en la misma imagen del mismo Creador.

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.  Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.  (Génesis 1:26-27)

“El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre”               (Génesis 9:6).

Ninguna persona tiene el derecho de tomar arbitrariamente la vida de otra persona. Sólo el Señor mismo puede autorizar tal acción. “Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos.  (Josué 6:21).  Aquellos que proclaman bajo la ilusión de que una mujer tiene la libertad de destruir a su-hijo que no ha  nacido todavía, no están considerando el tema de la vida  con la mayor seriedad.

En segundo lugar, cuando se reflexiona sobre el hecho de que la vida es un regalo del cielo,  no se puede dejar de reflexionar sobre el propósito de su existencia. Isaías declaró que el hombre fue formado para glorificar a su Hacedor (Isaías 43:7). ¿Por qué, entonces, millones de personas viven como si Dios no tuviere ningún derecho sobre ellos? Salomón parece haber explorado el significado de su existencia en los últimos días de su vida, como se establece en el libro de Eclesiastés.

En retrospectiva, él examinó la locura de su juventud, ya que sin rumbo buscaba  alguna clave para encontrar la felicidad. Todas las soluciones “bajo el sol” (es decir, terrenal) que buscaba resultaron ser un callejón sin salida. En última instancia, concluyó que el propósito de la vida del hombre es “temer a Dios y guardar sus mandamientos” (Eclesiastés 12:13); de ninguna otra manera puede los hijos de Adán encontrar la felicidad.

Lo que debemos hacer es atesorar el don de la vida, y utilizarlo para ensalzar al Creador. En este ejercicio usted descubrirá que es bendecido, tanto en este tiempo como en la eternidad.

Hay otro aspecto de la vida que es digno de reflexión , sobre todo en esta época de extrañas teorías religiosas. Es la realidad que uno vive su vida en la tierra sólo una vez, y sería conveniente que haga la cuenta.  Una mujer sin nombre de la antigua Tecoa dijo una vez: “Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que no pueden volver a recogerse” (2 Samuel 14:14).

En los tiempos bíblicos, hubo episodios muy especiales de resurrecciones (para confirmar la revelación divina [Mateo 10:8; Marcos 16:17-20), es claro que no eran la norma. La regla era (y  siempre lo ha sido) que “está establecido a los hombres que mueran una vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). La muerte es una experiencia universal que es la consecuencia de la rebelión humana.

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” (Romanos 5:12).

¿Por qué es que tantas personas en el occidente han absorbido la noción mística, oriental, que los seres humanos son “reciclados” en el proceso de la reencarnación?. Intrínsecamente al pensamiento hindú es la idea de que el alma en  la muerte puede migrar de un cuerpo a otro (en diversas especies de la vida biológica), y que la nueva residencia depende de la calidad de vida en el cuerpo anterior. Esta cadena de la reencarnación continúa hasta que supuestamente es rota por una “liberación”, es decir, un método de salvación, que se traduce en el cese de todas las pasiones humanas y la entrada en una vaga felicidad. Esta filosofía refleja una antigua forma pagana de tratar de lidiar con el problema del sufrimiento. El dogma de la reencarnación es a las Escrituras  ilógico.

Otro aspecto preocupante de la vida es la incertidumbre dramática. El viejo Isaac, una vez expresó un sentimiento que es aplicable a la mayoría de nosotros: “.He aquí ya yo soy viejo,  no sé el día de mi muerte” (Génesis 27:2). El Señor advirtió a la nación judía, que en caso de  rebelarse contra él, los esparciría lejos, y, prometió, “y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti,…” (Deuteronomio 28:66). ¿No es acaso que esta incertidumbre  es una verdad en cada uno de nosotros?

La Biblia enfatiza fuertemente la idea de que la vida en la tierra es un tiempo de preparación para el destino eterno. Cuando el malvado reino norteño de Israel persistentemente ignoró los castigos divinos diseñados para ablandar sus corazones, el profeta Amós advirtió de un terrible juicio venidero (el cautiverio asirio). Su lenguaje fue: “Prepárate para encontrarte con tu Dios, oh Israel” ( Amós 4:12). Sólo por el arrepentimiento genuino y de conformidad con la voluntad de Dios podrían evitar este encuentro desastroso (Amos 5:4, 6, 14-15).

Pedro, una vez le preguntó a Jesús si él podría describir el carácter de quien está considerado como un mayordomo “fiel y prudente”. El Señor proveyó un ejemplo para enseñar el punto. Al concluir el asunto, el Salvador manifestó  que los funcionarios en recibir este honor serían los que se habían “preparado”  (Lucas 12:47). Esto es lo que es la vida. En el estado final de los acontecimientos en la tierra, la Iglesia glorificada es descrita como la esposa del Señor. Esta es la expresión clave: “se ha preparado” (Apocalipsis 19:7).

En una de las parábolas del Salvador, pocos días antes de su muerte, habló de las vírgenes que formaban parte de un cortejo de  boda. Algunas de ellas eran prudentes, y otras eran insensatas. La distinción entre los dos grupos radica en el hecho de que las sabias eran simplemente las que se habían preparado, y las necias no  (Mateo 25:1-13). Satanás, el archienemigo de Dios y el hombre ha hecho un gran perjuicio,  infectando las mentes de los hombres crédulos con la idea de que la preparación para la eternidad se puede hacer de una manera post-mortem o sea después de la muerte. Tenga en cuenta lo siguiente:

1. Se ha indicado anteriormente que el hinduismo enseña que el hombre se reencarna progresivamente hasta que en última instancia entra en la felicidad del Nirvana.

2. El dogma católico-romano abraza la noción del purgatorio, un estado intermedio en el que  uno puede expiar sus pecados  y  estar  apto para el cielo.

3. El Mormonismo  ofrece la doctrina del bautismo por los muertos. Esta es la idea de que en vida se puede uno bautizar en nombre de los muertos, lo que proporciona la salvación para aquellos que no se sometieron a la voluntad de Dios durante su estancia en la tierra.

4. Charles T. Russell, fundador de culto de los Testigos de Jehová, afirma que Dios tiene un plan de salvación para aquellos que no tienen oportunidad para  la obediencia del evangelio en esta vida presente, de modo que los que mueren perdidos aún pueden salvarse.

Cada una de estas teorías, aunque tal vez de origen en  corazones sinceros, es un error. Representan un intento desesperado para hacer frente a la terrible realidad de que muchos se están muriendo en total  perdición. Estas ideas ignoran el hecho de que la familia humana, en gran medida corrupta, desea forjar su propio sistema de dogmas religiosos y funcionar como su propio dios.

Su vida en la Tierra es un tiempo precioso. No pase por alto su valor, no lo malgaste en actividades triviales, no deje que se escape y quede  sin preparación. Este día es posible que desee considerar la  pregunta: ¿Qué es su vida?

About Juan H. Canelo

Juan Canelo es un cristiano y miembro de la iglesia de Cristo. Casado con Georgina su compañera de toda la vida . Además componen su familia sus dos hijos adolecentes. Actualmente es el evangelista de la iglesia de Cristo de la Serena, Chile y conduce el programa radial “La Hora Bíblica” que se transmite a todo el mundo vía internet.

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