“Jesucristo era Dios en la Tierra”

El martes, anterior a la crucifixión del Señor, Jesús se enfrentó en una discusión con los fariseos, los cuales le odiaban amargamente. Cuando Mateo registró la escena, primero comentó de una discusión que el Señor tuvo con los saduceos: “Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron en una” (22:34). Jesús—con una lógica penetrante y un conocimiento incomparable de las Escrituras del Antiguo Testamento—había derrotado a los saduceos completamente. Sin duda los fariseos pensaron que podían hacerlo mejor, aunque ellos estaban próximos a enfrentar el mismo trato vergonzoso. En medio de Su discurso con los fariseos, Jesús preguntó: “¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?” (Mateo 22:42). Ellos no pudieron contestar las preguntas satisfactoriamente ya que su hipocresía les impedía comprender tanto la naturaleza de Jesús y Su misión. Sin embargo, las preguntas que el Señor hizo ese día son algunas que cada persona racional y sensata debe responder, y que tuvieron la intención de plantear el tema de la deidad de Cristo. Las respuestas—si la miopía espiritual de los fariseos no les hubiera impedido el responder correctamente—tenían la intención de confirmarla. Hoy en día, estas preguntas todavía plantean el espectro de la identidad de Cristo. ¿Es Él, como clamó ser, el Hijo de Dios? ¿Fue Él, como muchos en Su entorno clamaron, Dios encarnado? ¿Es Él, como la palabra “deidad” implica, de naturaleza y rango divino?

Las Escrituras enseñan que Jesús poseyó dos naturalezas—divina y humana. Como un Ser eterno (Isaías 9:6; Miqueas 5:2; Juan 1:1), Él fue Dios; sin embargo, Él se hizo hombre (1 Timoteo 2:5), hecho a la semejanza de carne de pecado (Romanos 8:3), aunque sin pecado (Hebreos 4:15). Isaías observó que el Cristo sería un “varón de dolores, experimentado en quebranto” Quien subiría “como renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca” (Isaías 53:2,3). Como humano, los profetas habían dicho que Cristo tenía que ser simiente de la mujer (Génesis 3:15), y descendiente de Abraham, Isaac, Jacob y David. El Nuevo Testamento confirma que Él nació de una mujer (Gálatas 4:4) quien fue virgen (Mateo 1:23), y que Él fue descendiente de Abraham, Isaac, Jacob y David (Mateo 1:1). El apóstol Juan declaró que Él se había hecho carne y que había habitado entre los hombres (Juan 1:14). Pablo escribió que Cristo fue “hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:7-8). Escribiendo como  médico, Lucas dijo que Cristo “crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). Él aprendió (Hebreos 5:8). Él experimentó el hambre (Mateo 4:2), sed (Juan 19:28), cansancio (Juan 4:16), enojo (Marcos 3:5), frustración (Marcos 9:19), gozo (Juan 15:11), tristeza (Juan 11:35), y dolor (Lucas 19:41; Hebreos 5:7). Él fue “tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). Pero lo más significante, Él murió (Marcos 15:44). En cada respecto, Él fue tanto humano como usted y yo, que es la razón por la cual pudo, y lo hizo, referirse a Sí mismo como el “Hijo del Hombre” (Mateo 1:20; 9:6).

Pero el impacto que tuvo en el mundo no fue debido a Su apariencia física. De hecho, Isaías predijo que Él “no tendría parecido, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos” (Isaías 53:2). Mejor dicho, fue Su naturaleza y Su carácter que le hicieron tan intrigante, tan dominante de figura, tan digno de honor, respeto, y alabanza. Aquí vemos a un hombre—pero no un simple hombre, ya que Él es el único hombre alguna vez nacido de una virgen (Isaías 7:14; Mateo 1:18), y a quien los profetas inspirados osaron aplicar el reverenciable nombre de “Jehová”. “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.” (Isaías 40:3).

No obstante, las Escrituras no hablan de Cristo como solamente un hombre. Estas también reconocen Su naturaleza divina. En la mayoría de sus hechos, “Jehová” es aplicado a la primera persona de la divinidad (al Padre—Mateo 28:19). Por ejemplo: “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Salmos 110:1). Jesús luego explicó que ese verso proyectaba al Padre dirigiéndose a Cristo (Lucas 20:42). Sin embargo, el nombre de Jehová es también usado en ocasiones para referirse a Cristo. Por ejemplo, Isaías profetizó acerca de la misión de Juan el Bautista: “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios” (Isaías 40:3; cf. Mateo 3:3; Marcos 1:3; Lucas 3:4). Juan fue enviado para preparar el camino para Jesucristo (Juan 1:29-34). Pero Isaías dijo que Juan prepararía el camino de Jehová. Claramente, Jesús y Jehová son lo mismo.

El escritor de Hebreos citó al Padre dirigiéndose al Hijo en esta manera: “Y: Tú, oh Señor [Jehová—Salmos 102:25], en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos” (Hebreos 1:10). Como un escritor observó: “Este versículo no solamente aplica la palabra ‘Jehová’ a Jesús, pero atribuye la cita a la boca de Dios. Otra vez, Jesús y Jehová son usados sinónimamente en estos versículos”. Además Jesús habló y actuó como Dios. Él afirmó que era “uno” con el Padre (Juan 10:30). Él perdonó pecados—una prerrogativa de Dios solamente (Marcos 2:5,7). Él aceptó la adoración de los hombres (Juan 9:38) que es derecho solamente de Dios (Mateo 4:10), y lo cual los ángeles  (Apocalipsis 22:8,9) y hombres (Mateo 4:10) rechazan.

Cuando Jesús fue puesto en juicio ante el Sanedrín, el sumo sacerdote judío preguntó: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?”. A esa pregunta Cristo simplemente respondió, “Yo soy” (Marcos 14:62). En vista de la naturaleza exaltada de tal afirmación, su fundamento y su consecuencia, hay solamente tres opiniones posibles que uno puede considerar en referencia a la aseveración de Cristo de ser divino. (1) Él fue un mentiroso y estafador; (2) Él fue un loco; o (3) Él fue exactamente Quien dijo que era.

Marcos 10 registra un relato concerniente a un joven rico quien, al hablar a Cristo, le señaló como “Maestro bueno”. Al escuchar esta referencia, Jesús preguntó al hombre: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” (10:18). ¿ Sugirió Cristo que este hombre estaba equivocado, y que Él no era digno de ser llamado “bueno” (en el sentido de que en el fondo solo Dios merece tal designación)? No. De hecho, Cristo estaba sugiriendo que Él era digno de tal designación. Él quería que este hombre principal entendiera el significado del título que había usado.  “¿Sabes el significado de la palabra que me aplicas, y la cual usas tan libremente? No hay ninguno bueno salvo Dios; si tú aplicas ese término a mí, y entiendes lo que quieres decir, afirmas que Yo soy Dios”.

Por último, si ha de ser argumentado que Cristo dejó a un lado su condición de estar en “forma de Dios”, en virtud de su humanidad y de su subordinación al Padre, entonces uno debe asimismo sostener, si es consistente, que Jesús no posee la “forma de Dios” ahora, porque la escritura señala que es  nuestro Mediador,  “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5),  todavía está en sujeción al Padre (1 Corintios 15:27).

El texto comúnmente  que apela a la prueba de que Jesús  existió en la Tierra en “forma de Dios” es Filipenses 2:6. Aquí está todo el contexto de lo que Pablo escribió:

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,  el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,  sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:5-8).

En Filipenses 2:6, Pablo habla de Cristo como “siendo en forma de Dios” El término “siendo” no está en tiempo pasado. Se traduce del término griego huparchon , es un participio en tiempo presente . El tiempo presente, revela que la existencia del Salvador, en la “forma de Dios”, es un constante modo de ser, no que fue interrumpida por la encarnación.  Debemos poner atención sobre la diferencia entre el tiempo presente, huparchon (que denota “existencia eterna en el morphe [forma] de Dios “), y” hecho “del Señor (aoristo)  semejante a los hombres. Hubo un momento en que la segunda Persona de la Trinidad no existía como hombre; nunca ha habido un momento en que él no estaba en “forma de Dios”.

En contra de la evidencia, sin embargo, se dice que mientras que Cristo es en  forma de Dios antes de la encarnación, se despojó de ese estado mientras estuvo en la Tierra. Por último, de acuerdo con esta teoría que se examina, Jesús reanudó la  forma de Dios, cuando regresó al cielo. No hay apoyo bíblico para este concepto, lo cual viola el testimonio explícito de las Escrituras.

La palabra griega para “forma” es morphe . Este término se refiere a lo que es “indicativo de la naturaleza interior” de una cosa , morphe “significa siempre una forma que expresa verdadera y plenamente el ser que subyace en ella” .  “Nadie podía estar en morphe theou [en forma de Dios] que no fuere Dios “. Todo esto simplemente significa que si Jesús renunció a la “forma de Dios”, cuando se encarnó, entonces él dejó de ser Dios en ese momento. Esto es equivalente a la doctrina defendida por los testigos de Jehová, a saber, que Cristo fue “nada más que un hombre perfecto.” Debo decir, de la manera más amable posible, que la posición que se examina no es representativa de la enseñanza del Nuevo Testamento.

Pero se afirma que Jesús no pudo haber existido en “forma de Dios” porque el Nuevo Testamento habla del Señor siendo guiado por el Espíritu, protegido por ángeles, etc. , por lo tanto, Cristo no era “Dios infinito.”

Lo que parece estar en la raíz de este malentendido es la incapacidad de reconocer que las limitaciones terrenales del Señor no fueron consecuencia de una naturaleza menos que Dios; sino que fueron el resultado de una sumisión autoimpuesta que refleja el ejercicio de su voluntad soberana. ¿De qué Cristo se “vacío”  cuando se hizo carne?

Por medio de la encarnación, Jesús “no renunció a la posesión de su deidad, ni aún del todo del uso, sino más bien del ejercicio independiente, de los atributos divinos” . Para decir lo mismo de otra manera, el estado encarnado del Señor involucra, no una cesión de la forma divina, esencia o atributos, sino una subordinación de esos atributos al Padre en cuanto a la función que iba a cumplir. Cuando Jesús afirmó: “Mi Padre es mayor que yo” (Juan 14:28), él no estaba negando su naturaleza divina; más bien, él afirmaba que se había sometido voluntariamente a la voluntad del Padre.

Piense en esto por un momento. ¿Cómo pudo Cristo vaciarse de los atributos divinos, y aun así ser divino? Una cosa es la suma de sus atributos. Esta es una dificultad insuperable para aquellos que argumentan que el Cristo encarnado no estaba en la “forma de Dios.”

Si Cristo no era totalmente Dios, es decir, que existe en la “forma de Dios”, exactamente ¿que era? Cuasi-Dios? La mitad-Dios? La mera aparición de ser Dios (como ciertos gnósticos afirmaban), ¿Solo hombre perfecto? ¿Qué?

Por otra parte, si Jesús no existió en la “forma de Dios” mientras vivió en la tierra, ¿cómo podía presumir de ser “uno” (género neutro, lo que sugiere la unidad de la naturaleza) con el Padre (Juan 10:30)?” Yo y el Padre uno somos.” ¿Por qué permite el Señor que Tomás le llaman “Dios” (Juan 20:28)?” Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!” ¿Por qué Jesús aceptó adoración (Mateo 8:2),” Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.” cuando claramente enseñó que sólo Dios es digno de adoración (Mateo 4:10)?” Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás

Algunos pueden pensar que esto es simplemente una cuestión de semántica intrascendente. Sin embargo, a veces la semántica es muy importante. La verdad del Evangelio es un mensaje de las palabras, y el maestro cristiano tiene que ser preciso en el lenguaje que emplea. Que el Señor nos ayude a ser preciso en la expresión de la verdad bíblica.

About Juan H. Canelo

Juan Canelo es un cristiano y miembro de la iglesia de Cristo. Casado con Georgina su compañera de toda la vida . Además componen su familia sus dos hijos adolecentes. Actualmente es el evangelista de la iglesia de Cristo de la Serena, Chile y conduce el programa radial “La Hora Bíblica” que se transmite a todo el mundo vía internet.

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