“El Nuevo Nacimiento: Su Necesidad y Composición”

Nicodemo, un líder fariseo del pueblo hebreo vino de noche a hablar con Jesús. Él había quedado impresionado con el Señor, en su encuentro declaró: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.” (Juan 3:2)

Cristo nunca reconoció el cumplido, sino que se fue directo al corazón del asunto y amonestó al dignatario judío: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3 : 3).

Nicodemo no entendió la naturaleza del lenguaje simbólico del Señor, y preguntó: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? “Jesús señaló que el nacimiento de que hablaba era de naturaleza espiritual. Señaló: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” ( Juan 3:5).

En el mundo de la “cristiandad” en general se reconoce que uno debe experimentar el nuevo nacimiento, para entrar en la salvación. Nuestro Señor ciertamente no dejó ninguna duda al respecto cuando enfatizó: “Os es necesario nacer de nuevo.” (3:7). El asunto de la controversia se centra en lo que constituye el nuevo nacimiento. Este es el punto que vamos a considera en este artículo.

Hay tres fases importantes relacionadas con una experiencia de parto: engendrar, concebir y dar a luz.. En el arreglo humano, por ejemplo, es la implantación de la semilla por el padre, dando a luz (parto) de la madre, y una relación familiar que se disfruta posteriormente (con privilegios de la herencia).

Dentro de este contexto Cristo sugiere cada uno de estos componentes. Menciona: el agua, el Espíritu, y el reino. De sus palabras podemos afirmar lo siguiente:

1.Uno debe ser engendrado por el Espíritu, y que esto se lleva a cabo por la Palabra de Dios siendo el mensaje sagrado el que produce la fe en un corazón sincero.

2. El arrepentimiento generado por el Evangelio, nos llevará a obedecer la orden del Nuevo Testamento de ser sumergidos en agua, para identificarnos con Jesús en el “nacimiento” de entre los muertos (Colosenses 1:18, Apocalipsis 1:5).

3. Todos los que obedecen a este plan divino se convierten en ciudadanos del reino de Cristo (Colosenses 1:13), o miembros de su iglesia (Mateo 16:18-19).

Vamos a tratar cada uno de estos elementos.

El PAPEL DEL ESPÍRITU SANTO.

El Nuevo Testamento pone de manifiesto que el Espíritu Santo opera por medio de la Palabra de Dios, “engendra” (en una manera de hablar) a la persona que recibe con gusto la verdad. Por ejemplo, Santiago declara: “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1:18). También Pedro señala: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23).

En una de sus epístolas a los Corintios, Pablo señala: “Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.” (1 Corintios 4:15).

Las Escrituras afirman claramente que el Espíritu Santo usa la Palabra de verdad como su instrumento de operación en el corazón humano “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Efesios 6:17).

Por lo tanto, resulta evidente que el término “Espíritu” en Juan 3:5 es una alusión a la fuente de la semilla espiritual que afecta al corazón humano por medio del evangelio. Esto representa la fase inicial del proceso de conversión.

El AGUA DEL NUEVO NACIMIENTO

¿Qué significa la palabra “agua” en Juan 3:5? Durante muchos siglos después de la era apostólica, no hubo controversia sobre el significado de “agua” en este pasaje. Los “padres de la iglesia” claramente entendieron que fue usada para denotar el bautismo. El testimonio de Ireneo, Justino Mártir, Tertuliano, Cipriano, etc., podría ser citado para establecer este punto.

Podemos afirmar que ni un solo escritor de la antigüedad negó la identificación del “agua” de Juan 3:5 con el bautismo. Juan Calvino fue el primero en disociar los dos elementos, y que Calvino, incluso admitió que su interpretación era “nueva”.

Por supuesto, con posterioridad a Calvino, numerosos clérigos confesionales han negado que el bautismo sea un elemento del nuevo nacimiento-y esto es debido a sus prejuicios doctrinales contra la necesidad de inmersión para la remisión de los pecados. Por otra parte, muchos estudiosos admiten que el “agua” de este pasaje es una alusión al bautismo, aunque ellos niegan la esencialidad del rito como condición para la salvación..

Es interesante reflexionar sobre algunas de las especulaciones extravagantes que se han ofrecido a fin de eliminar el bautismo en agua de este contexto. Algunas de las nuevas ideas que tratan de identificar el “agua” como algo más que el bautismo es el siguiente:

Algunos han sugerido que el “agua” no es más que un símbolo para el mismo Espíritu . Esto no sería el caso, ya que el Espíritu ya se menciona en el pasaje. El Señor no dio el argumento de que a menos que uno “nace del Espíritu y el Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”

Otros han sostenido que “el agua” es una figura de la sangre de Cristo. No hay ninguna base para tal teoría. El apóstol Juan, en uno de sus últimos escritos, distingue claramente entre el agua y la sangre. “Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.” (1 Juan 5:8).

.La simple verdad del asunto es esta: el “agua” que se alude en este contexto es una referencia al agua del bautismo, que es un acto necesario para la obediencia de aquellos que aspiran a entrar en el reino de los cielos. Este hecho se evidencia en las siguientes consideraciones:

Es un principio reconocido de la exégesis bíblica que las palabras han de ser consideradas literalmente, a menos que existan evidencias en el contexto inmediato o remoto que requieran un sentido figurado. No hay nada aquí o en el contexto que pudiese darse una interpretación simbólica al “agua” en este pasaje. Por lo tanto, no hay necesidad de darle un sentido inusual al término, en Juan 3:5.

La expresión “nacido del agua” es ciertamente consistente con el lenguaje empleado del bautismo en otras porciones del Nuevo Testamento. Por ejemplo cuando uno es “levantado”, nace del agua para caminar en novedad de vida. “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Romanos 6:4)

“sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.” (Colosenses 2:12).

El REINO, El CUERPO DE CRISTO

De acuerdo con la declaración del Señor en Juan 3, el objetivo del nuevo nacimiento es la entrada en el reino.

(1) El nuevo nacimiento lo introduce a uno en el reino (Juan 3:5). El reino es la iglesia “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” (Mateo 16:18-19). Por lo tanto, el nuevo nacimiento lo introduce a uno en la iglesia.

(2) El nuevo nacimiento lo introduce uno en la iglesia (conclusión anterior). Pero la Iglesia es el cuerpo de Cristo (Efesios 1:22-23; Colosenses 1:18, 24). Así, el nuevo nacimiento lo introduce a uno en el cuerpo.

(3) El nuevo nacimiento lo introduce uno en el cuerpo (conclusión anterior). Pero el cuerpo está formado por los salvos (Efesios 5:23). (Por lo tanto, el nuevo nacimiento lo introduce a uno en el ámbito de la salvación.

Sin el nuevo nacimiento, por lo tanto, no se puede estar en el reino, la iglesia, el cuerpo, o el estado de salvación.

Ahora vamos a empezar a relacionar algunos pasajes, con el retorno a la consideración del “agua” de Juan 3:5 como el equivalente al bautismo.

Una comparación de Juan 3:5 con un pasaje paralelo, 1 Corintios 12:13, da por cierto que el agua del versículo anterior es equivalente al “bautismo” de este último.

Juan 3:5 “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”

1 Corintios 12:13 – “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”

En primer lugar, tenga en cuenta que ambos pasajes mencionan el papel del Espíritu Santo en el proceso de la conversión. En segundo lugar, observamos que los dos versículos dan el mismo resultado que se produce con la realización del nuevo nacimiento. Juan registra que el objetivo es entrar en el reino, mientras que Pablo afirma que el converso es introducido en el cuerpo.

Que el “reino” y el “cuerpo” se refieren a la misma entidad se demuestra por el argumento siguiente:

(1) El cuerpo de Cristo es la iglesia (Colosenses 1:18, 24). Sin embargo, la iglesia es el reino (Mateo 16:18-19). Así, el cuerpo de Cristo es el reino.

En la porción restante de la ecuación, sólo tenemos que comparar la palabra “agua” en Juan 3:5 con el uso que hace Pablo del “bautismo” en el pasaje a los Corintios.

Juan 3:5 – Espíritu, el agua, el reino

1 Corintios 12:13 – Espíritu, el bautismo, el cuerpo

Es evidente que el “agua”, en Juan 3:5, se refiere al bautismo.

Por otra parte, una comparación de otros dos pasajes del Nuevo Testamento, revelan más similitudes interesantes. En Efesios 5:26 Pablo escribe: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.”

Consideremos estos tres elementos:

1.La Palabra;
2.El lavamiento del agua;
3. La purificación
Observe cómo estos se conectan con los dos versículos que acabamos de considerar.

Juan 3:5 – Espíritu, el agua, el reino

1 Corintios 12:13 – Espíritu, el bautismo, el cuerpo

Efesios 5:26 – La palabra, el lavamiento del agua,

En primer lugar, se revela cómo el Espíritu actúa en la conversión: a través de la Palabra (Efesios 6:17). En segundo lugar, el agua se identifica como el bautismo. En tercer lugar, se demuestra que limpia por la obediencia al entrar en el cuerpo, el reino.

Por último, hay otro pasaje que complementa este estudio. En Tito 3:5, el apóstol Pablo declara:” nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”

Una vez más, se habla de:

1.El Espíritu;
2.El lavamiento de la regeneración;
3. La salvación

Observe la comparación:

Juan 3:5 – Espíritu, el agua, el reino

1 Corintios 12:13 – Espíritu, el bautismo, el cuerpo

Efesios 5:26 – La palabra, el lavamiento del agua

Tito 3:5 – el Espíritu Santo, el lavamiento, salvados

Es evidente que estos pasajes bíblicos diferentes maravillosamente se explican por si solos.

La persona sincera, que cree que el testimonio del Espíritu Santo se transmite a través de la Palabra de Dios, obedecerá el mandamiento del Señor para ser bautizado para el perdón de los pecados

“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. “(Hechos 2:38)

“Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre “( Hechos 22:16).

Él así será limpio (o salvado) de sus transgresiones pasadas, y posteriormente trasladado al reino de Cristo. “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13), que es el cuerpo, o la iglesia “y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1:18).

No hay dificultad en la comprensión de la clara enseñanza de la Escritura cuando tal enseñanza se distancia de las especulaciones sesgadas de los hombres. ¡Debemos nacer de nuevo!

About Juan H. Canelo

Juan Canelo es un cristiano y miembro de la iglesia de Cristo. Casado con Georgina su compañera de toda la vida . Además componen su familia sus dos hijos adolecentes. Actualmente es el evangelista de la iglesia de Cristo de la Serena, Chile y conduce el programa radial “La Hora Bíblica” que se transmite a todo el mundo vía internet.

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